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Las secuelas y complicaciones que pueden surgir tras un ictus, requieren intervencio?n. Bien sean emocionales, cognitivas o fi?sicas, la pronta intervencio?n del equipo multidisciplinar facilitara? una mejor recuperacio?n, y prevendra? posibles empeoramientos o recai?das. La recuperacio?n puede ser ma?s o menos ra?pida en funcio?n de las limitaciones de movimiento y las capacidades que se hayan visto afectadas, asi? como tambie?n influira? el manejo emocional que el paciente realice de lo acontecido.

A nivel neuropsicolo?gico, tras un ictus podemos encontrarnos con de?ficits y/o alteraciones funcionales, en concentracio?n, memoria, atencio?n… o puede haberse visto afectado el lenguaje. Es habitual que alrededor de un 55% de los pacientes que han sufrido un ictus presenten alteraciones en al menos un dominio cognitivo.

A nivel fi?sico, es posible que exista algu?n de?ficit motor o incluso falta de movilidad, alteraciones de la sensibilidad o la percepcio?n, dolor o dificultades en la deglucio?n. Lo que dificulta la autonomi?a del paciente.

A nivel emocional, es habitual que los pacientes vivan esta experiencia como trauma?tica, lo que se traduce en alteraciones emocionales como: un estado de a?nimo disfo?rico, episodios de agresividad, labilidad emocional, depresio?n (con una marcada desesperanza hacia el futuro) y ansiedad.

Pero hay algo que no debemos perder de vista: no es tan so?lo el enfermo el que se ve afectado por esta nueva situacio?n.

¿Que? pasa con la familia?

La familia tiene ahora un doble trabajo, pues debe realizar su propio proceso de aceptacio?n, y a la vez, servir de soporte y apoyo al paciente para salir adelante y trabajar en su rehabilitacio?n.

El nivel de dependencia que se derive de las lesiones ocasionadas por el ictus requiere un cambio en la dina?mica familiar. Esto conlleva un estre?s asociado que los cuidadores principales debera?n aprender a canalizar y manejar. Y supondra? una adaptacio?n de los espacios de la casa y un apoyo, a distintos niveles, en las actividades de la vida diaria.

En cuanto a las dificultades an?adidas que puede suponer el estado de a?nimo negativo del paciente, seri?a altamente recomendable que se consultasen y derivasen a un profesional, el cual podra? servir de apoyo y de desahogo emocional para la familia, adema?s de facilitarles pautas de manejo para incluir en su di?a a di?a. Existen estudios que han remarcado el beneficio de la intervencio?n psicolo?gica en el primer mes tras el ACV.

Por otra parte, no debemos perder de vista que una actitud sobreprotectora no beneficiara? a nuestro familiar. El objetivo principal del proceso rehabilitador sera? el reestablecimiento de la autonomi?a, en la medida de lo posible. Y para ello, necesitaremos apoyar a nuestro familiar para que se empodere progresivamente (que gane control sobre su situacio?n), readaptando y ayuda?ndole a reconstruir su plan vital si fuese necesario. Con la ayuda del equipo profesional multidisciplinar, podremos ir marcando ha?bitos saludables y metas adecuadas que favorezcan la rehabilitacio?n, sin suponer un sobreesfuerzo que se traduzca en niveles de frustracio?n incapacitantes.

Por Elena Soler.

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