Psicologo-ictus

Hoy queremos compartir un artículo enviado por nuestra psicóloga y editora Elena Soler y que vemos muy interesante y que responde a muchas dudas que nos enviáis.

Como ya venimos comentando en artículos previos, en ocasiones sufrir un ictus puede conllevar un desajuste emocional que precise la intervención de un especialista. Así como muchos estudios respaldan también, desde el otro lado, que hay ciertas características de personalidad y estilos de vida que están estrechamente relacionadas con las patologías cardiovasculares.

Hace poco coincidí con una persona que ha sufrido varios ictus. Durante nuestra agradable conversación, le sugerí que podría beneficiarse del apoyo de un especialista para prevenir nuevos ACVs. Y ante mi propuesta, contestó con una sonrisa: “Elena, ya sabes que yo no creo en los psicólogos”. Y puesto que no es la primera vez que ha surgido esta conversación en mi entorno, he creído interesante abrir esta puerta.

¿Qué es un tratamiento psicológico? Es una intervención profesional, llevada a cabo por un psicólogo especialista, quien busca eliminar el sufrimiento de otra persona, y/o enseñarle las habilidades adecuadas para hacer frente a la vida cotidiana (Labrador et al, 2002). Existen diversas escuelas psicoterapéuticas, y dentro de ellas, distintos enfoques que parten cada uno de un modelo teórico, del que se derivan ciertas técnicas y estrategias que se aplican a las personas en contextos determinados. Psicoterapia psicodinámica, cognitiva, cognitivo conductual, existencial y experiencial, sistémica,… El terapeuta debe haber sido entrenado en una determinada escuela y trabajar desde su modelo teórico.

Las terapias psicológicas han tenido un gran desarrollo durante el siglo XX, y continúan evolucionando en nuestros días. Gracias a los estudios científicos de eficacia y a los manuales que de ellos surgen, es posible conocer el curso de los trastornos emocionales y patologías psiquiátricas, pudiendo predecirlo de antemano en función de algunas variables. Numerosos estudios* certifican que la psicoterapia obtiene resultados significativamente superiores al no tratamiento, lo que quiere decir que las psicoterapias son más efectivas que no hacer nada. Alrededor de un 80% de los pacientes manifiestan cambios psicológicos significativos y, además, mejoran sus estrategias de afrontamiento y se acelera su proceso de mejoría.

¿Y por qué seguimos resistiéndonos a solicitar ayuda? “Es que yo no estoy loco”.

Ideas que giran alrededor de acudir a un psicólogo (Ricardo Mercado):

*Pueden provocarnos pena. Nos da miedo qué pueda pasar y qué pueda pensar la gente de nosotros.

*Lo consideramos como una agresión cuando otros lo sugieren.

*Podemos experimentar cierta intrusión de nuestros sentimientos más íntimos.

*Pensamos que es un gasto innecesario porque tal vez el problema que tenemos no es tangible (no podemos verlo, tocarlo y tal vez comprenderlo) tal vez como una gripe.

*Nos causa confusión ya que es difícil expresar nuestros sentimientos e ideas.

*¿Pagar por el sólo hecho de que te escuchen?

*Se esperan soluciones mágicas y rápidas.

A pesar de que nuestra sociedad ha avanzado en muchos aspectos, sigue existiendo esa visión estigmatizada de solicitar ayuda a un profesional de la salud mental.

Nos vendrá bien acudir a un psicólogo cuando detectemos que persisten uno o varios problemas que bloquean nuestra vida, cuando aparecen sensaciones desagradables que nos impiden gozar de las cosas positivas o placenteras. Ansiedad, tristeza, ira, … Estas emociones pueden llegar a interferir en nuestro funcionamiento diario. Problemas de enfado, fobias, apatía, situaciones de elevada ansiedad,…todo ello repercutirá en nuestra capacidad de disfrute de “las pequeñas cosas”, en nuestra relación con los demás, y en nuestra capacidad de tomar decisiones eficaces para solucionar los problemas que puedan surgir.

El tratamiento psicológico implica el escuchar lo que trae al paciente a nuestra consulta y buscar que aspectos personales, familiares o de su entorno están jugando un papel activo en el problema que le angustia. A partir de ahí, una vez identificados, informamos al paciente sobre cómo puede resolver los problemas planteados, y empleamos técnicas psicológicas específicas (según nuestra corriente teórica de base) para su caso concreto.

Que seamos autosuficientes en muchas áreas de nuestra vida, no implica que seremos capaces de “salir de ésta” nosotros solos, o que seamos más débiles por necesitar ayuda. Que la necesitemos y la solicitemos es, en realidad, una decisión valiente e inteligente.

*Si tenéis curiosidad por conocer más, os invito a leer el metaanalisis realizado en 1994 por Lambert y Bergin.

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