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La fibrilación auricular es la arritmia cardíaca más frecuente en los países occidentales y, además, afecta a un gran número de personas en nuestra sociedad. En los últimos años, se ha publicado como la fibrilación auricular afectaría a un 1-2% de la población europea. Un estudio reciente patrocinado por la Sociedad Española de Cardiología ha reflejado que entre los españoles de edad superior a 40 años hasta un 5% padece fibrilación auricular. Además, estas cifras aumentan conforme lo hace la edad de las personas encuestadas. Por lo tanto, podemos decir que la fibrilación auricular es una enfermedad muy frecuente y que va ligada al envejecimiento de la población.

El tratamiento actual de la fibrilación auricular tiene 3 objetivos básicos.

El primero de ellos sería el tratamiento de la enfermedad cardiológica asociada en los casos en que coexisten ambas patologías.

El segundo objetivo básico es el control de la arritmia e incluye 2 estrategias básicas de tratamiento. La primera estrategia terapéutica consiste en intentar mantener un ritmo cardíaco normal (sin la arritmia) con la utilización de diversas opciones de tratamiento entre las que destaca la utilización de fármacos antiarrítmicos (amiodarona, flecainida, propafenona, sotalol y dronedarona) y en casos seleccionados la ablación con catéter de la fibrilación auricular. En la segunda estrategia, conocida como control de frecuencia cardíaca, el objetivo no es conseguir un ritmo cardíaco normal, sino dejar la arritmia de forma crónica centrándonos en lograr una frecuencia cardíaca estable (por debajo de 80-100 latidos por minuto en reposo). Estudios desarrollados en los años 90 mostraron que en pacientes con edad superior a 65-75 años, con enfermedades asociadas y con múltiples factores de riesgo cardiovascular como la hipertensión arterial o la diabetes, no existían diferencias entre adoptar una estrategia de mantener un ritmo cardíaco normal (ritmo sinusal) o seguir una estrategia de control de la frecuencia.

Actualmente la decisión de seguir una de las dos estrategias dependerá de las características clínicas del paciente y de los síntomas que padezca.

Finalmente, el tercer objetivo terapéutico en la fibrilación auricular es la prevención del tromboembolismo, especialmente el ictus cerebral. Este es un objetivo terapéutico fundamental ya que la fibrilación auricular es una de las causas más frecuentes de ictus cerebral. Además, el ictus cerebral asociado a la fibrilación auricular comparado con otras causas de ictus tiene una mayor mortalidad y en los casos en los que el paciente sobrevive al ictus, éste se asocia a mayores secuelas y a un mayor grado de dependencia. De esta forma, en cada paciente con fibrilación auricular se evaluará el riesgo de sufrir un ictus o embolismo confirmando la presencia de una serie de factores de riesgo como la hipertensión arterial, diabetes mellitus, o la edad del paciente entre otros.

El tratamiento indicado para prevenir el ictus en la fibrilación auricular es el tratamiento anticoagulante ya que ha demostrado su eficacia en numerosos estudios clínicos. Hasta hace 3 años, sólo disponíamos como tratamiento anticoagulante de la warfarina o acenocumarol (Sintrom?). Este tratamiento, de gran eficacia, presenta numerosas limitaciones entre las que destaca la interferencia con los alimentos u otros tratamientos farmacológicos lo que obliga a realizar controles analíticos muy frecuentes.

En los últimos 3 años, han aparecido 3 fármacos anticoagulantes nuevos que han demostrado ser superiores a los fármacos anticoagulantes clásicos. Estos fármacos son el dabigatran (Pradaxa?), rivaroxabán (Xarelto?) y apixabán (Eliquis?). Actualmente existe una mayor experiencia clínica con el dabigatrán ya que fue el primer nuevo anticoagulante disponible.

En conclusión, la fibrilación auricular es una arritmia muy frecuente en la población general y que se puede asociar a graves consecuencias entre las que destaca el ictus.

Los objetivos terapéuticos en los pacientes con esta arritmia incluyen:

i) tratamiento de la enfermedad cardiológica asociada,

ii) tratamiento para mantener un ritmo cardíaco normal sin la arritmia o tratamiento para controlar la arritmia aunque ésta permanezca de forma crónica, y, finalmente,

iii) tratamiento para prevenir las complicaciones tromboembólicas de la fibrilación auricular con la utilización de fármacos anticoagulantes.

Por el doctor Joaquín Osca.

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