Ajos Stroke Strike

Por Ángela Durá, editora Stroke Strike Nutrición.

El ajo (Allium sativum L) es considerado desde hace siglos como un elemento saludable. Muchos campesinos griegos tomaban a la sombra de un árbol tres dientes de ajo, un trozo de pan y un trago de vino. Es un importante producto hortícola que contiene ciertos compuestos volátiles sulfurados, los cuales le conceden olor y sabor característicos a las preparaciones alimenticias, lo que a su vez posibilita que sean utilizados a través de todo el mundo como una especia o condimento. Pertenece a la familia de las liliáceas, que comprenden también a las cebollas, puerros y otras variedades.

Centrándonos en los aspectos nutricionales del ajo, podemos afirmar que no se caracteriza por tener un gran valor nutricional; sim embargo, es un ingrediente casi imprescindible como condimento y aromatizante. Los componentes mayoritarios del ajo son el agua, los hidratos de carbono y la fibra. En menor proporción contiene proteínas, grasas, minerales (cinc, fósforo, calcio y algo de hierro) y algunas vitaminas entre las que destaca la C, una menor presencia de B1 y B2 y sólo indicios de vitamina A. Si bien es cierto que para que ejerzan un efecto protector, sería preciso consumirlos en una elevada cantidad. La Aliina, componente sulfurado que se encuentra en el ajo, parece desempeñar un papel importante respecto a la popularidad adquirida por el ajo por sus efectos nutricionales y terapéuticos. Se trata de un componente inodoro que, en contacto con el oxígeno y en contacto con una enzima, se convierte en alicina, una sustancia activa a la cual se debe el penetrante olor a los ajos crudos. Esta sustancia se transforma a su vez en derivados, a los que se les considera también depositarios de estas supuestas propiedades beneficiosas. Otros componentes químicos, como los aceites esenciales o ácido salicílico, han sido relacionados también con efectos terapéuticos.

El ajo, asociado a los polifenoles de muchos productos, especialmente al aceite de oliva virgen o vino tinto, tienen una acción vasodilatadora e hipotensora para la prevención de las enfermedades cardiovasculares.

Son muchas las propiedades atribuidas al consumo habitual de ajos, además de las anticancerígenas. Su poder bactericida, antiparasitario, efectos beneficiosos sobre la hipertensión, la arterioesclerosis e incluso, las enfermedades reumáticas. Según algunas investigaciones clínicas, los ajos disminuyen los niveles de colesterol en sangre, la agregabilidad de las plaquetas, reduciendo el riesgo de trombos, y colaboran con el control de la tensión arterial. Pero todavía faltan muchos más estudios para demostrar los posibles efectos beneficioso del ajo sobre la salud.

A pesar de las expectativas actuales no hay que olvidar que el ajo es un alimento y no un medicamento. Se recomienda que el periodo máximo de conservación sea un año, en lugar fresco y seco, para que el ajo no pierda sus propiedades.

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