Hola amigos,

Ya viene el fin de semana donde podemos todos relajarnos un poquito mas después de una intensa semana de trabajo. Hoy queremos compartir con vosotros 10 bonitos sitios donde poder ver atardecer puede ser una de la experiencias más relajantes y gratificantes. Todos sabemos lo bueno que es para nuestra salud y nuestro cuerpo un poquito de relax diariamente.
Citas de indudable melancolía con el mar de por medio. Dominan los faros esta terapia de relajación, y las islas, claro, ganan por goleada. ¿Solos o quizás con la mejor de las compañías?

Aquí van los 10 puntos en la costa española desde donde los que el sol entona el más difícil todavía de las hermosas despedidas, los atardeceres.

01 ISLA DE SANCTI-PETRI
Puesta de sol en el Castillo de Sancti-Petri, Cádiz.
El idílico y magnético crepúsculo visto desde la playa del viejo Sancti Petri (no confundir con la urbanización Sancti Petri) ha ganado enteros desde la apertura al turismo de la isla de Sancti Petri (www.castillosanctipetri.es). Ya no nos conformamos con visualizar desde la playa –llena de pescadores– la manera en que el disco solar besa la silueta de la fortaleza encaramada sobre una isla que fue sagrada para los fenicios; ahora podemos ir en barco y asistir a visitas guiadas y conciertos (sábados a las 12.30). Entre los eventos destacan los talleres de astronomía, que incluyen transporte, puesta de sol a las 19.40 y merienda-cena. por 30 euros; menores de 8 años, 20 euros. Para llegar en coche al puerto deportivo no hace falta cruzar Chiclana centro: lo más sencillo es tomar la salida 10 de la A-48 y tirar por la carretera de Las Lagunas.

02 TORRE DEL VERGER

Torre del Verger, en Mallorca.
Dicen de los de Santorini, pero el ocaso desde la mallorquina torre del Verger en Banyalbufar poco tiene que envidiar a la isla griega. Nadie que pierda la media pensión del hotel lo lamentará. Esta torre vigía troncocónica de 1579 concita una nube de coches a la hora en que el sol se dispone a desaparecer. Los hay que suben a la terraza para experimentar el vértigo. De hecho, el archiduque Luis Salvador lo tenía por “el punto con mejor panorama de toda la costa de Mallorca”. La luz del atardecer, que incluye la isla Dragonera, ilumina los recuperados cultivos aterrazados, entre los que se cuentan viñas de uva malvasía.

03 RÍA DE AROUSA

Cambados y A Illa de Arousa, Pontevedra
Los crepúsculos en las rías gallegas tienen una profundidad de campo fuera de horma gracias a pequeños elementos que distraen la vista como bateas, islotes, chalanas… Todo parece estar dispuesto en la ruinosa torre de San Sadurniño (Cambados), que disfruta de una panorámica de toda la ría de Arousa, incluida, enfrente, la isla de La Toja. Igual de interesante resulta ir a A Illa de Arousa, cuyo restaurante situado en el faro de Punta Cabalo abre ex profeso para que los viajeros disfruten con el sol cayendo empuñando un gin tonic o un mojito. ¿Después? Cena romántica.

04 LAGOS DE EL COTILLO

Atardecer en El Cotillo, Fuerteventura.
En El Cotillo, único enclave turístico de la costa majorera de poniente, el bramido del Atlántico se transmuta en proverbiales charcones amparados por líneas de arrecifes que domestican las olas. La fiesta cromática hace honor a los atardeceres: arena blanquísima, negras rocas de lava y aguas verdes turquesa que contrastan con los azules del cielo y el mar. A ellos se suman todas las tonalidades del rojo provocados por el sol precipitándose en la lámina lagunar. Otra posibilidad estriba en ir al castillo del Tostón. Minutos después la claridad lumínica favorece noches estrelladas.

05 PLAYA DE LA CANALETA

Punta Umbría, Huelva
A veces acertar es cuestión de perspectiva. La que, sin ir más lejos, propicia la lengua de arena de la playa de la Canaleta, que se interna ladeada en el Atlántico y que por ello nos permite unos atardeceres para enmarcar sin perder de vista toda la línea de costa onubense. Golpea la cara el viento de poniente, predominante a esas horas de la tarde, trayendo una fragancia de Atlántico puro. Con los pies en la arena decimos adiós a los últimos rayos que bañan la Península y que iluminan Portugal. Instantes después, el lugar adquiere la rotundidad y el encanto de la noche.

06 CABO FINISTERRE

El Cabo de Finisterre, en A Coruña.
En Finisterre se mezclan realidad y leyenda; era santuario o Ara Solis en el confín del mundo conocido. Desde aquí las legiones de Décimo Junio Bruto (150 a. C.) contemplaban aterradas cómo el sol desaparecía en el Atlántico. Merced a su orientación sur, la lengua de tierra de Finisterre y su ápice, el faro, es reclamo continuo al atardecer durante todo el año.
Pero antes que turístico es un crepúsculo jacobeo, ritualizado, en el que más de uno quema sus vestiduras. Llegan ensimismados desde los cinco continentes, muchos en escrupuloso silencio, no sin recogimiento religioso. Es el broche de oro al Camino de Santiago.

07 PUNTA NATI

Ciudadela, Menorca
El Mediterráneo emula la fragorosidad atlántica con altos acantilados escarpados que mueven al vértigo. El estruendo del Mediterráneo suele ser sonoro. En la extremidad nororiental de Menorca, el sol pasa al hemisferio no visible con todos los pronunciamientos favorables. Accediendo a la punta entre muros de mampuestos que exigen cuidar la conducción. Junto al faro perviven las viejas estructuras de las baterías costeras, donde pululan parejas a la hora del adiós. Al borde de la tierra y con el mar a los pies.

08 FARO DE CABO PEÑAS

Atardecer en Cabo Peñas, Asturias.
Una cuña de tierra de cien metros de altura que se interna en el Cantábrico, sin arbolado, solo rasa costera, y un faro de luz visible a 60 kilómetros (fijarse en su óptica monumental). ¿Quién da más? El elemento geográfico cardinal de Asturias se presenta puro, abrumador por sus dimensiones. Tras ver el Centro de Interpretación del Medio Marino, un gran aliciente consiste en esperar el crepúsculo bien abrigados y ojo avizor al encendido de la óptica. El farero José Luis García aconseja caminar unos 200 metros en dirección a poniente, dejando atrás al grueso de visitantes y el bar (al que podemos acudir después). Así se disfruta con mayor intimidad este momento álgido entre tonos carmesíes. Gaviotas, cormoranes y paíños, que se baten en retirada tras una jornada de pesca, ponen la banda sonora del cabo.

09 CABO DES JUEUS

Sant Josep, Ibiza
Si París cuenta con la torre Eiffel, Ibiza tiene en el cabo des Jueus (de los Judíos) a uno de sus iconos cuando el sol se funde con el Mediterráneo. El misticismo que antecede a la noche pulula siempre por estas escarpaduras que, gracias a sus 200 metros de altitud, sobrevuelan de forma mayestática los islotes de Es Vedrà y Es Vedranell. En días claros (como el de la fotografia), los deslumbrantes atardeceres revelan la débil silueta de la costa alicantina. Para disfrute del espectáculo también podemos encaramarnos a la torre del Pirata. En ella la realidad y la ficción se han hecho carne, puesto que así bautizó Blasco Ibáñez a la torre defensiva de 1763 en Los muertos mandan. Buscar el acceso entre Cala d’Hort y Es Cubells.

10 QUIOSCO Y MORRO DE LAS SALINAS

Atardecer en Tijarafe, La Palma.
Muchos se disputan en la isla canaria de La Palma el momento del crepúsculo vespertino. El Quiosco del Diablo, junto al ayuntamiento de Tijarafe, es un top. Pedir una cañita o un vino blanco Vega Norte (variedad albillo) con tapa de salpicón de bonito. También cabe la posibilidad de descender cinco kilómetros hacia el Proís de Candelaria. Un aparcamiento a mano izquierda señala la subida de cien metros al promontorio rocoso conocido popularmente como Morro de las Salinas. Desde el banco de piedra nos embarga un silencio y una paz impresionante.

Esperamos que después de leer esta noticia os encontréis un poquito más relajados y el desear poder acercarse a cualquiera de estos lugares cuando os lo podáis permitir.